Casus belli
"Solo vengo a recordaros la condena"
Porque ya lo dijeron los Santos
y sus escritos sagrados. Y la carta
de Plablo a los romanos recordad
que no hay hegemonia que no
derive de Dios y quién se oponga
a ella será castigado por
perversión del plan
divino.
Y es que era necesario este
ensañamiento milenario y
la alevosía. Que hacía falta
para llevar esta barca de Caronte
a puerto, para crear la piedra
filosofal, el motor inmóvil
de ésta desvergüenza
oligárquica.
Han llovido océanos, y fuego
han caído búhos y buitres y
palomas y se han apagado las
estrellas también. Desde entonces
parece que ya no
nacen eruditos.
Que no hay Galileos, ni
Giordano Brunos, ni Miguel
Servers y qué de dudas suscita
la verdad. Qué de dudas. Hijos
de Lilith o de Eva, quién dio el
primer golpe, Caín o Abel, se
mascaba la catástrofe ya en el
Ágora de Atenas.
Y qué le vamos a hacer si
mientras giraba la tierra y
pasaban los años todo nos
sucedía y fuimos mutando,
como metamorfosis
de primavera.
Hicimos primero florecer
Almendros y Amapolas
y Amarantos y Amañuelas,
con todo su simbolismo, y
sacaron segadoras y podadoras y
vertieron tóxicos sobre nuestros
campos, y fundaron asociaciones
para legitimar la perversión
y sus camisas y sus palabras
olían a Atónito.
Pero hay estábamos nosotros.
Perplejos, en pleno siglo XXI.
Divinos, divinísimos nosotros,
inflexibles. Quisimos jugar
a ser autoridad, motivo
de guerra, a la negación de la
mentira universal, y cuestionando
la teoría de la moral metíamos
el dedo en la yaga. Hasta sangrar.
Debatimos sobre la consideración
ontológica del mal y nos parecia
necesario.
Nos parecía necesario ser Napoleón.
Coger un caballo y una espada y
a falta de espada un bolígrafo y
a falta de caballo un folio y
conquistar este imperio, que
está en ruinas, y dar respuestas
para nadie, hablando solos, siendo
nuestros versos las
espuelas.
Nos parecía necesario salir a
romper los cañones, porque era
necesario darle voz a los testigos,
porque siguen produciéndose cañones y
armas aún mucho más avanzadas y dones
de guerra y para qué tantas armas como
ofrendas a la Paz.
Hay cosas que se escapan de
nuestro entendimiento, perdidos,
desde el séptimo día. Vaya dioses
más absurdos hemos creado, que legitiman
la barbarie, y la fomentan. Leed la Sharia,
la Biblia o La Torá y sabréis que no miento.
"Mutatis mutandi". "Panem et circenses".
Encadenados a ideologías como grilletes
y robots accediando al mercado laboral.
Qué clase de dios omnipotente y
omnicomprensivo permitiría ésto cuando
sigue existiendo la pobreza, cuando sigue
habiendo hambrientos y desalojos y
precariedad laboral y la abstracción
de los términos contractuales.
Porque el ahorro fiscal y los únicos instrumentos
para generar riqueza, n.b. los efectivos para
paliar ésta agonía estaban a manos de
personas non gratas.
Así nos redujimos.
Fuimos plegando nuestros sueños
a escala hasta que pudieron
quedar bien guardados,
en nuestros bolsillos,
donde nadie podía verlos
y algún día, tal vez,
si disponemos de tiempo
podremos encontrarlos.
Pero no lo encontraremos,
cuesta tiempo mantener este
ritmo y mas aun mantener el
contacto con la tierra y mas
aún tener tiempo para uno
mismo, y escribir, de vez en
cuando. Quien iba a
decírnoslo.
Quien nos iba decir a nosotros,
que después de tanta intransigencia
y tanta mirada altiva y tantas horas
hablando del devenir, del desenlace
de esta tragicomedia, mostrando
nuestra firme oposición cuando
la autoridad deviene totalitaria,
y se equivoca según todas las
fuentes de conocimiento que
conocemos, nos señalarían, porque
a quien dice la verdad luego dicen
que rabia, y nos fuéramos a sentir
tan vulnerables.
Por no poder alterar la realidad
geopolítica mundial, a veces, no,
siempre, vuelven a llorar las musas
por el miedo al fracaso. Van a anegar
el parnaso.
Y todos los poetas me
señalaran con el dedo;
"Ecce hommo."
Y tendrán razón.
Culpables de despreciar
la alegalidad y las vías de hecho
y la guerra de siempre que ahora
es política. Porque seguimos
siendo divinos. Tan divinamente
humanos, que nos dejamos arrastrar
por la conciencia de ser conscientes
de nuestra existencia y ya de paso
preguntándonos cómo conseguir
lo imposible, combatimos.
Ahora, que ya casi lo sabemos
y conocemos las formas
y podemos mirar al sol
y tenemos respuestas
en relación al "Qui Bono",
vienen a recordarnos que somos
impíos, que debemos someternos
a la autoridad y olvidar,
gobernados, condenados por los
locos.
Porque ya lo dijeron los Santos
y sus escritos sagrados. Y la carta
de Plablo a los romanos recordad
que no hay hegemonia que no
derive de Dios y quién se oponga
a ella será castigado por
perversión del plan
divino.
Y es que era necesario este
ensañamiento milenario y
la alevosía. Que hacía falta
para llevar esta barca de Caronte
a puerto, para crear la piedra
filosofal, el motor inmóvil
de ésta desvergüenza
oligárquica.
Han llovido océanos, y fuego
han caído búhos y buitres y
palomas y se han apagado las
estrellas también. Desde entonces
parece que ya no
nacen eruditos.
Que no hay Galileos, ni
Giordano Brunos, ni Miguel
Servers y qué de dudas suscita
la verdad. Qué de dudas. Hijos
de Lilith o de Eva, quién dio el
primer golpe, Caín o Abel, se
mascaba la catástrofe ya en el
Ágora de Atenas.
Y qué le vamos a hacer si
mientras giraba la tierra y
pasaban los años todo nos
sucedía y fuimos mutando,
como metamorfosis
de primavera.
Hicimos primero florecer
Almendros y Amapolas
y Amarantos y Amañuelas,
con todo su simbolismo, y
sacaron segadoras y podadoras y
vertieron tóxicos sobre nuestros
campos, y fundaron asociaciones
para legitimar la perversión
y sus camisas y sus palabras
olían a Atónito.
Pero hay estábamos nosotros.
Perplejos, en pleno siglo XXI.
Divinos, divinísimos nosotros,
inflexibles. Quisimos jugar
a ser autoridad, motivo
de guerra, a la negación de la
mentira universal, y cuestionando
la teoría de la moral metíamos
el dedo en la yaga. Hasta sangrar.
Debatimos sobre la consideración
ontológica del mal y nos parecia
necesario.
Nos parecía necesario ser Napoleón.
Coger un caballo y una espada y
a falta de espada un bolígrafo y
a falta de caballo un folio y
conquistar este imperio, que
está en ruinas, y dar respuestas
para nadie, hablando solos, siendo
nuestros versos las
espuelas.
Nos parecía necesario salir a
romper los cañones, porque era
necesario darle voz a los testigos,
porque siguen produciéndose cañones y
armas aún mucho más avanzadas y dones
de guerra y para qué tantas armas como
ofrendas a la Paz.
Hay cosas que se escapan de
nuestro entendimiento, perdidos,
desde el séptimo día. Vaya dioses
más absurdos hemos creado, que legitiman
la barbarie, y la fomentan. Leed la Sharia,
la Biblia o La Torá y sabréis que no miento.
"Mutatis mutandi". "Panem et circenses".
Encadenados a ideologías como grilletes
y robots accediando al mercado laboral.
Qué clase de dios omnipotente y
omnicomprensivo permitiría ésto cuando
sigue existiendo la pobreza, cuando sigue
habiendo hambrientos y desalojos y
precariedad laboral y la abstracción
de los términos contractuales.
Porque el ahorro fiscal y los únicos instrumentos
para generar riqueza, n.b. los efectivos para
paliar ésta agonía estaban a manos de
personas non gratas.
Así nos redujimos.
Fuimos plegando nuestros sueños
a escala hasta que pudieron
quedar bien guardados,
en nuestros bolsillos,
donde nadie podía verlos
y algún día, tal vez,
si disponemos de tiempo
podremos encontrarlos.
Pero no lo encontraremos,
cuesta tiempo mantener este
ritmo y mas aun mantener el
contacto con la tierra y mas
aún tener tiempo para uno
mismo, y escribir, de vez en
cuando. Quien iba a
decírnoslo.
Quien nos iba decir a nosotros,
que después de tanta intransigencia
y tanta mirada altiva y tantas horas
hablando del devenir, del desenlace
de esta tragicomedia, mostrando
nuestra firme oposición cuando
la autoridad deviene totalitaria,
y se equivoca según todas las
fuentes de conocimiento que
conocemos, nos señalarían, porque
a quien dice la verdad luego dicen
que rabia, y nos fuéramos a sentir
tan vulnerables.
Por no poder alterar la realidad
geopolítica mundial, a veces, no,
siempre, vuelven a llorar las musas
por el miedo al fracaso. Van a anegar
el parnaso.
Y todos los poetas me
señalaran con el dedo;
"Ecce hommo."
Y tendrán razón.
Culpables de despreciar
la alegalidad y las vías de hecho
y la guerra de siempre que ahora
es política. Porque seguimos
siendo divinos. Tan divinamente
humanos, que nos dejamos arrastrar
por la conciencia de ser conscientes
de nuestra existencia y ya de paso
preguntándonos cómo conseguir
lo imposible, combatimos.
Ahora, que ya casi lo sabemos
y conocemos las formas
y podemos mirar al sol
y tenemos respuestas
en relación al "Qui Bono",
vienen a recordarnos que somos
impíos, que debemos someternos
a la autoridad y olvidar,
gobernados, condenados por los
locos.
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